La vida es aquello que te va sucediendo mientras estás ocupado haciendo otros planes.” decía John Lennon, y yo creo que tenía razón. En eso pienso mientras hago garabatos en mi cuaderno de siempre y espero que el tiempo pase. Me estoy tomando un café, y quiero madurar un poquito este nuevo año que viene y ser mejor persona: lo justo y necesario. No quiero crecer renegando de mi vida ni quiero adoptar una pose de profundidad. Quiero buscar la simpleza. Y mientras reflexiono suena mi celular y es un mensaje de él, dice que necesita un favor: qué vicioso es este chico… Así que simplemente no le contesto más.

Estoy recostada frente a mi ventana, viendo de reojo el tráfico pasar. Un rayo de sol cae sobre mi cuaderno, y con la cabeza apoyada en mi mano pienso en escribir algo distinto, de nada te sirve que siempre escribas de lo mismo me digo a mi misma.

En esta época todos hablan de sus planes para el próximo año (que inicia ya en 2 días), hablan de las metas, de la planificación, de las ideas, de lo que quieren hacer diferente a este año que termina, de sus sueños aún no alcanzados, de su “check list” por cumplir en los próximos doce meses que se vienen. Sé que todo está bien, así que me voy a dedicar a escribir aunque sea por curiosidad de saber qué puede suceder.

El tiempo pasó, así de fácil, así de sencillo… el tiempo pasa siempre igual y es lo natural en este mundo, me río un poco y digo ¿qué más? Yo estoy acá, en el presente. No retroceder, no arrepentirse. Ahora me encuentro bebiendo mi quinta taza de café del día y decido seguir a la multitud y pensar en mi plan de vida, no sé cómo, no sé por qué… Así que pienso en todo lo que quisiera hacer este año que viene tan pronto, tan acelerado, tan preocupante, tan prometedor:

Pasar más tiempo con mi familia y mis amigos. Dormir más. Superar mi record de leer dos libros al mes cada mes consecutivo. Salir a la calle, caminar. Trabajar y ayudar a los demás. Planear un viaje y cumplirlo. Practicar la gratitud. Sonreír cada día. Provocar sonrisas ajenas. Besar. Superar miedos. Aprender lenguaje de señas. Abrazar más. Conocer personas nuevas. Dar clases. Meditar todos los días. Pasar tiempo conmigo misma. Ser proactiva, no pasiva. Renunciar a la necesidad de controlar todo-todo el tiempo. Rezar más. Cansarme y tomar más descansos. Trazar y cumplir retos cada vez más difíciles. Preocuparme menos por todo. Escuchar buena música. Vivir con la fórmula de las 3E (energía, entusiasmo y empatía). Ahorrar. Descubrir una nueva pasión. Dejar de pasar tiempo con las personas equivocadas. Soñar despierta. Amar lo que ya tengo.

​Creo que he terminado, ya no se que más agregar por el momento. Digo, quizás si se me ocurre algo nuevo lo escriba solo en mi cuaderno, sólo para mí. Y ahora observo el techo de mi habitación. Escucho esa canción de One Republic que dice, “I owned every second that this world could give”. Y pienso y pienso. Porque la vida es siempre uno a solas con sus pensamientos.