Suena un Jazz. No se como se llama esa canción. No se porque está en mi lista de reproducción. Provoca que mis pensamientos sobre el trabajo se detengan y los de él aparezcan. Suena un piano, una guitarra, el bajo que repite una melodía junto a los platillos de la batería y las batacas que anuncian la llegada del deleitoso saxofón. De repente suena una trompeta en compás con el sonido de la lluvia de fondo. Y luego, silencio. Posteriormente suena el piano de nuevo acompañando el saxofón. Pienso en él, en lo que me gusta tanto y lo que es imposible. Suena la trompeta y luego… silencio. No ha parado de llover frente a mi ventana. Pero ahora mis pensamientos aparecen al compás del ritmo de esta música y del reloj. Voy escuchando como aumenta la velocidad de los instrumentos y se me pone la piel de gallina. Hay una mezcla entre el ritmo del jazz y el pulso de mis emociones, esos sentimientos que no dejo que salgan, que dejo dentro casi siempre y que solo salen cuando hay silencio. Esta vez, están listos para salir sin pedir permiso… pero, veo desde mi ventana, ya no llueve… vuelvo a prestar atención y la canción de Jazz ha terminado… pienso en él de nuevo, nada ha cambiado… Siento el silencio, pero como siempre, dejo todo sentimiento dentro de nuevo.