Estaba sentada esperando a mis amigas para tomarnos un café y tener la respectiva plática del mes. Mientras tanto me tomaba un latte con espuma  y pensaba en que ya no soy la misma de hace algunos años… La inseguridad que me invadía en la adolescencia desapareció, ahora tengo mi personalidad, opiniones, un estilo definido y un carácter forjado; rio con más ganas y me doy cuenta que los problemas ya no parecen ser tan graves y que todo tiene una solución que no depende de dramas.

Mi número de amigos ha disminuido en cantidad y aumentado en calidad. Salir a cenar cada noche con algunos amigos o familia y asistir a fiestas 3 veces a la semana (como mínimo) es vivir al límite. Incluso, se ha vuelto indispensable ir a un buen bar de vez en cuando, con buena compañía, un par de bebidas, un poco de música de fondo y cero complicaciones para pasar un momento increíble.

Antes me conformaba con cualquier cosa, ahora enseguida distingo lo bueno de lo mediocre, de la poca importancia de lo material y de el tipo de personas que quiero tener cerca… entiendo que el secreto de todo está en los detalles. Tengo hambre de futuro, de éxito y de llegar a ser alguien. Me doy cuenta que con los estudios, el trabajo que nunca termina y las actividades extracurriculares para mantener una vida interesante, es cada vez más difícil coordinar horarios para ver a mi gente, pero no es imposible – el deseo vale más -, y cada vez disfruto más de un café como excusa para ponerme al día con mis amigos.

A veces me comporto como cuando tenía 18 años y otras veces pienso que cada día me parezco más a mis padres; hasta entendí que no vale nada intentar ser alguien que no soy. Aprendí a llorar mucho por algo cuando ya no puedo contenerlo más, pero nunca más volver a llorar por lo mismo; y que perdonar a alguien nos convierte en personas más fuertes, no más débiles. Descubrí que escuchar música fuerte mientras estoy sola en mi apartamento es la mejor terapia que existe.

Estoy cada vez más convencida en aceptar nuevos puntos de vista, conocer gente nueva y permitirme un amor diferente a los de antes. Mis veintitantos van pasando demasiado rápido y de fondo sólo escucho: “los veintitantos serán la mejor época de tu vida“, lo cual me provoca dolor de estómago y preguntarme si realmente estoy disfrutando de la mejor época de mi vida.

Los errores que cometa en los veintitantos definirán gran parte de mi vida, pero no quisiera llamar errores a las acciones que me llevarán a madurar, crecer y ser aún mejor persona en el futuro, a ser una mejor mujer… Aprendí que el  pasado no me define, pero puede enseñarme lecciones de vida importantes. Es momento de dejar atrás los malos recuerdos de la adolescencia, los dramas, las personas incorrectas, las humillaciones, los arrepentimientos y dejar ir finalmente toda fase de crisis pasada; después de todo, todos merecemos segundas oportunidades.

​Creo que la mejor edad es la que se tiene en el preciso momento, cada etapa tiene sus ventajas y desventajas, pero el valor de cada una la definimos nosotros. Insisto: el secreto está en simplemente disfrutar la vida… La que sea que estemos viviendo en este momento y que mientras dure, sea la crisis que sea, debo saber desde lo más profundo que estoy viviendo los mejores años, mis mejores años.