Déjame que te cuente lo que dura un día sin tí.

No son 24 horas. Ni 1,440 minutos. No, es algo eterno.

Sigo con mi vida y tu con la tuya, pero para mí todo va más lento, es más aburrido, más monótono. contigo el tiempo pasa más rápido, todo es más lindo y me rio más de lo normal.

No, no son 24 horas, contigo son más.

Son las miles de veces que paseas por mi cabeza, las tantas veces que volteo a ver mi celular para asegurarme de que no me has escrito y no lo he notado. Son los cientos de veces que me imagino historias,  invento escenarios y resultados paralelos de lo nuestro.

Déjame que te cuente lo que dura un día sin tí.

Son los momentos en los que tomo mi cuaderno y escribo sin parar porque me inspiras tanto que me provoca tomar la pluma y deslizarla sobre el papel hasta que me duele la mano. Es el momento en que me voy a dormir y solo no puedo porque quiero seguir pensando en ti.

Déjame que te cuente lo que dura un día sin tí.

Son todos los minutos de tazas de café por la mañana. Son los 42 segundos de salir corriendo para llegar a algún lado. Es un no parar en toda la mañana y un “ya no puedo más con mi vida” por la tarde. Son esos 15 minutos de vuelta a casa. Es la media hora de cena que me dedico para antes de escribir.

​Déjame que te cuente lo que dura un día sin tí.