Todo empezó hace algunas semanas, estaba sentada en un Starbucks tomándome el peor cappuccino de mi vida cuando me di cuenta: me siento distinta, ya no soy la misma. Creo que antes habían tantas versiones posibles de mi misma que jamás podría haber elegido una sola. Pero esta versión de mi misma, la de ahora, es mi favorita, me gusta… me gusto…

No se si la razón de estos cambios en mí se deben a los 1,095 días que pasé en una relación basada en mentiras tratando de ignorar infidelidades y engaños… A los 40 días de indiferencia y frialdad que pasé lejos de casa, a las 26 libras que perdí en las últimas 10 semanas, a los 7 ataques de pánico que tuve el año pasado, a las 3 semanas que pasé sin salir de casa sin poder levantarme de la cama o a esa hora completa de terapia en la que tuve que asimilar racionalmente que no estaba bien anímicamente.

Lo que si se, es que en todos los días que pasé sola y lejos de mi hogar tuve mucho tiempo de reintrospección y logré de alguna forma desenterrar esa parte que tenía sepultada de mi misma. La verdad no quería que nada de esa parte saliera nunca, pero tampoco me senté a esperar a que desapareciera la ansiedad por si sola y, como siempre, dejé todo por escrito… Porque el arte de escribir se me da mejor cuando escribo con el corazón o con el hígado.

Desde entonces me siento distinta… Y que conste que esto no es una recopilación de mi 2018, es más un llamado de atención de lo que había tenido guardado en el fondo mi ser en al menos mi última década de vida.

En los últimos 365 días celebré los 63 años de mi mamá y los 60 de mi papá. Leí 54 libros de 48 autores diferentes. Después de procurar por al menos 32 semanas no dejar salir todo lo malo que sentía dentro y convencerme a mi misma de que estaba bien empecé a ir a terapia de la que llevo más de 25 sesiones… Conocí a 21 personas geniales de diferentes lugares. Visité más de 17 ciudades en menos de 14 semanas. Recuperé y retomé la comunicación con al menos 12 amigos en menos 9 meses. Pasé 8 días enteros en México disfrutando de la compañía de mi hermana. También me reuní con 7 amigos que viven lejos y extrañaba demasiado. Viajé 6 veces en menos de 5 meses, por placer y por trabajo. Sentí alegría pura cuando volví a ver a mis 4 gatos al regresar del viaje más largo. Durante el año perdí a 3 seres que amaba y ahora llevo en el corazón. Pasé 2 días increíbles en el puerto y esa misma semana 1 tarde entera viendo películas abrazando a alguien que quiero profundamente.

Me siento distinta… Antes me asomaba al precipicio y sentía vértigo, ahora me siento en la orilla y lo que me da miedo es no saltar. Creo que la vida se vive en capítulos, aunque no todos los que queremos permanezcan lo suficiente para vivir el epílogo a nuestro lado. Descubrí que no me siento sola y que no necesito a nadie a mi lado para sentirme feliz, aunque eso no significa que no quiero tener a alguien a mi lado.

Estoy segura de que este cambio es algo más que solo el anhelo nacido de la soledad y el aislamiento forzado de los últimos meses. Creo que a veces el dolor, la ansiedad, la depresión, la felicidad, los sueños, la intuición y la catarsis adoptan formas extrañas y no sabemos reconocerlas sin ayuda…

Y aunque la vida no siempre avanza en orden con números descendientes o ascendentes me llama la atención lo que trae próximamente e incluso me siento valiente como para permitir que me abracen tan fuerte hasta que me rompan todos mis miedos… Me siento distinta… más segura, fuerte y feliz…